viernes, 26 de agosto de 2011

KIKYO


Fue la sacerdotisa más poderosa, después de Midoriko. Inicialmente, Kikyō era la sacerdotisa que protegía la Perla de Shikon de todos los demonios que querían arrebatarla para incrementar su poder demoníaco; esto produjo la envidia de la sacerdotisa Tsubaki, una de las mejores sacerdotisas, después de Kikyo. Gracias a su envidia y ambición por ser más joven y hermosa maldijo a Kikyō para que se enamorara de un hombre el cual causaría su muerte. Así conoce a Inuyasha, un ser mitad demonio, mitad humano, (hanyou) que intenta quitarle la perla numerosas veces sin éxito, para convertirse en un demonio completo. Kikyō al parecer comenzó a sentir algo por él y terminó enamorándose de Inuyasha, tal como lo había planeado Tsubaki.
Un día Inuyasha y Kikyō decidieron reunirse para darse algo los dos, Kikyō creó un Collar Kotodama (un collar que podía hacer que Inuyasha cayera al suelo con mucha fuerza al decir Kikyō una palabra que lo hiciera obedecer para que Inuyasha dejara de planear sus constantes intentos de tomar la perla.)e Inuyasha le trajo a Kikyō una ostra con maquillaje que era de su madre humana. Kikyō se sintió culpable y no quiso darle el collar.
Años después, en la época actual, nace la reencarnación de Kikyō, Kagome, y es llevada por una demonio llamada la Mujer Ciempiés al Pozo Devora Huesos que trasciende en el tiempo, llegando a la Época de las Guerras Civiles Japonesas. Kagome intenta huir del monstruo que la llevó a ese lugar y se encuentra con Inuyasha, quien, con la intención de salvarla, le dice que lo libere del hechizo.

Kikyo suele mostrarse siempre extremadamente calmadada, pacifica y muy callada. Sus sentimientos son en su mayoría buenos, fue siempre una mujer muy pura; bondadosa y sabia. Sin embargo, todas sus maravillosas cualidades se ven contrastadas por el intenso odio e ira que siente a causa de la terrible tragedia que le sucedió minutos antes de morir. Al ser resucitada, ella desarrolló una nueva personalidad: fría, calculadora, cruel, despiadada e incluso sadica. A pesar de todo, sus sentimientos hacia Inuyasha no han cambiado, pero se resiste a recibir su ayuda y rara vez lo contacta. Pese a haber cambiado, Kikyo sigue asistiendo a los enfermos de las aldeas y cuidando de los niños que ahi habitan. Jamás ha atacado ni matado a nadie inocente o que ella considere que debe vivir, su lado piadoso sigue siendo muy prominente y se ve acrecentado a medida que avanza a la historia.
Ella es siempre conciente de los factores fundamentales que determinan las situaciones, es muy inteligente y perseptiva. Estos atributos se mezclan con su nuevo caracter algo maquiavelico e ironico. Ella suele analizar las circunstancias de una manera especial y logra ver cosas que los demás personajes no pueden percibir. Su afecto por Inuyasha le hace recobrar algo de su antigua personalidad, la cual se muestra calida a pesar de su gran calma.
Su rostro parece despedir una mirada fría y astuta, su falta de emociones contrasta netamente con el caracter efusivo y enérgico de Kagome, su reencarnación. A diferencia de Kikyo, Kagome carece de sentimientos crueles y pensamientos violentos que aceptan con naturalidad los horrorosos hechos que conforman la realidad. Kikyo no abandona aquella postura dura e intransigente, pero el deseo de salvar su alma la dirige a un destino en común con los demás protagonistas.
Sus asombrosos poderes espirituales le brindan una fuerza peligrosa, la cual es apta de matar facilmente a todo aquel que se interponga en su camino.

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